pongamos que hablo de madrid

16Julio

100GranVia013[1]

Quedan 2 minutos para salir. Al ralentí, el coche de Paco y Carmela espera. Llegaremos a la hora de comer, a tiempo para relevar al hermano de Paco, que se ha encargado de alimentar a los chavales  durante el  primer mes y medio.

Dejo Madrid cuando empezaba a quererla a pesar de sus defectos. Sus socavones, su ruido infernal, el calor pegajoso, las cucarachas, las bicicletas por las aceras. Los camareros insolentes, las mierdas de perro, la gente que te golpea y te empuja en la calle al cruzarse contigo. Los taxistas que aprovechan cualquier despiste para darte un rodeo. La agresividad de los conductores, los semáforos que cambian de luz cuando estás en mitad del cruce.  Las distancias, el “está aquí al lado”, el “vuelvo en 5 minutos”, los gritos, la basura, las obras, los graffitis, los bolardos, que me han dejado moradas las espinillas… y tantas cosas que la hacen odiosamente irresistible a los ojos de quienes la vivimos, y dulcemente soportamos.

Pero no estoy triste. Se me llena el corazón sólo de imaginar a los niños riendo, jugando incansables, nadando, y exprimiendo la felicidad, este tiempo del sol y de la fruta que es la infancia y es la vida.

Desde mi ventana veo a Paco y Carmela colocar las maletas en el coche. Me miran amables y con su sonrisa me hacen cómplice de sus planes y de sueños.

Y levanto la mano y les digo que ahora bajo, y pienso, sé, que hoy toca vivir este momento con toda su intensidad. Se acabó meter la pata, dar tumbos. Sobrevivir.

Hoy todo puede esperar. Incluso Sharon.

¡estoy feliz!

15Julio

Si esto fuera un musical me pondría a bailar para demostrar al mundo mi felicidad. Cantaría, me agarraría a una farola y me pondría a dar vueltas sin fin. Caminaría por el centro de la calzada extendiendo los brazos, mirando al cielo, seguido de una marabunta de gente, todos bailando al son de mi alegría. Me metería de lleno en los charcos, saltaría sobre los taxis, treparía por las paredes y llegaría a las azoteas y gritaría: ¡Estoy feliz!

Con lo del campamento estoy que no paro, y cuando paro me sigo moviendo de lo nervioso que estoy.  Ayer directo a equiparme: Bermudas, bañadores, camisetas, calcetines, gordos, finos, una gorra, una cantimplora, y unas botas de trekking. Me he empollado cómo funcionan otros campamentos de verano, la lista completa de campings de España (esto no es por trabajo, es por si me dan unos días libres jijiji), he impreso el manual de explorar y acampar y ya sé cortar una hemorragia interna, una externa y otra exteriorizada. Por las tardes me veo en la tele los episodios de El hombre en la Tierra  y ya distingo una zarigüeya de un urogallo, y con la de botas de fútbol que destrocé en un equipo juvenil de mi pueblo, la pasta gansa que se dejó mi madre en clases de tenis, más  la de partidos que me he visto del Mundial y de Fernando Nadal, sé todo lo que hay que saber de fútbol y tenis.   

Camino por las calles desiertas cargado de conocimientos, bolsas y paquetes mientras el sol me derrite las meninges. Pero por mí como si se derrite Madrid entero. Hoy estoy feliz.

 …Y como una moto.

180 grados

14Julio

campeones

Ni uno más ni uno menos. Ese es el calor que hace en Madrid y el giro que ha dado mi vida en apenas unos días. En primer lugar por ganar el Mundial, que menuda fiesta el domingo viéndolo y gritando sin parar con todo ese mogollón de peña que nos juntamos allí, y el lunes recibiendo a La Roja. Fue la hostia. Y en segundo lugar por todo lo que he vivido desde el berenjenal del viernes en La Ponderosa. Eso sí que ha sido la hostia, pero en bote y en bicicleta.

Cuando la ambulancia del SAMUR se alejó calle abajo me quedé sentado en la acera, buscando una puerta en ese callejón sin salida que era mi vida. Mientras, Paco apagaba las luces del bar y echaba el cierre. Me miró en la distancia.

Se acercó, me sonrió con actitud paternal y me dio una bolsa de hielo y 20 euros,  ”Anda, cógete un taxi y vete a casa a descansar. Y cuídate ese chichón. ”

Me derrumbé. Le confesé que no tenía casa. Que no tenía trabajo. Que no era actor. Que toda mi vida estas últimas semanas había sido una farsa detrás de otra para salir adelante. Que no tenía a nadie en Madrid y que sentía muchísimo haberle fastidiado la noche.

Escribo estas líneas desde una cama mullida, de sábanas planchadas y bien estiradas, mientras los rayos de luz entran a raudales por las ventanas como en un anuncio de suavizante. Estoy en casa de Paco y Carmela. Es un piso encima del bar, y la habitación un cuarto que han habilitado para mí por una semana.

Sí, sólo siete días. Porque el viernes cierran por vacaciones y nos vamos a Mariñes, Asturias. Una preciosa casona familiar a las afueras de Oviedo que la familia de Paco transforma en campamento para chavales los meses de verano. Prados inmensos, verdes valles, naturaleza salvajemente hermosa, deporte a tope y un flamante nuevo monitor: Yo.

un bosque de nabos

9Julio
Archivado en: ,

Nabo[1]

Qué alegría se llevó Paco, el dueño de La Ponderosa, cuando le llamé. Acababa de cerrar una cena y no sabía a quién recurrir. Creyó que yo no iba a volver y que su gran idea para salir de la crisis había fracasado nada más empezar. Le dije que ánimo, que estábamos en el mismo barco. Me explicó que esta vez no había cena, sólo un show para un grupo de guiris que vinieron a las fiestas y se habían quedado a unas jornadas. Ni puta idea de que Madrid hubiera estado en fiestas

Aparecí puntual. Escarmentado por la vez anterior, protegí mis partes con una coquilla que disimulé bajo el tanga. Me hacía un paquete que parecía un negro mandinga. 

La visión del dinero cayendo a raudales disparó mi creatividad. Antes de salir a escena, agarré una botella de aceite de girasol y me unté hasta el lobanillo. Acto seguido, me calé una gorra de policía, de cuero negro con tachuelas. A las tías les vuelven locas los uniformes.

Tiré del telón y pisé el escenario con el aplomo que da la experiencia. Y la necesidad. Lo primero que vi fue una bandera arcoiris del tamaño de un edredón. ¿¿De qué coño de país era esta gente??

Lo segundo que vi fue un mogollón de tíos desataos, fornidos y con unos brazacos como tres veces mi muslo. No había una sola tía. Aquello era un bosque de nabos.

Empecé a sudar a chorros. Me caían unos goterones de aceite de girasol que parecía un pollo asado. Sólo me faltaba un palo de hierro metido en el culo y un tío dándome vueltas. Ay madre, pensé, dónde me he metido.

Paco me hacía gestos para que bailara. El público jaleaba y daba palmas. Y un calvo de la tercera fila se sacó una fusta de cuero y se empezó a dar de hostias en la espalda. Y yo venga a sudar, y él venga a darse. La cabeza me iba a estallar.
Y de pronto ya no vi más. Se me fundieron los plomos. Me desmayé.

Desperté en una ambulancia del Samur. Llevaba mi tanga, mi coquilla, y en la cabeza, en lugar de la gorra de tachuelas, un chichón como una pelota de tenis. El Auxiliar me sonrío amable y miró a su compañera: “Hay que ver lo bien que lo pasan estos del Orgullo Gay.”

el pisito

7Julio
Archivado en: ,

zulo_madrid

No me pienso agobiar. Tengo 1.023 euros en la cuenta. 300 euros para alquiler y 200 para comida mensuales. Perfecto para coger una casa y aguantar hasta que el 1 de septiembre me paguen los de la productora.

Enciendo Internet y entro en Idealista. Dieciséis mil viviendas en Madrid. ¡Toma ya! Afino la búsqueda: Al puto centro, como un marqués. Once mil casas. Me da un subidón del copón.

Pulso la opción de 300 euros y aparece una única casa. Esta es la mía.  Calle Olivar 24, en Lavapies. Es un estudio de 25 m2, con un ventanuco diminuto en el techo. Perfecto, menos cristales que limpiar.
No hay cocina. No importa, no sé cocinar.
No tiene agua caliente. ¿Para qué? Es verano y el agua fría estimula la circulación, y previene la calvicie.
Tampoco tiene ducha ni bañera. Bueno, los gatos se limpian a base de lametazos y todo el mundo dice que es un animal muy limpio.
Las paredes están forradas de humedades y de moho. Genial, crearé mi propio jardín vertical, como el de Caixa Forum.

La única pega es que el techo es un poco bajo, pero tiene solución: Me amputaré las piernas.

 Me fijo en los datos de la alimaña que alquila este zulo infecto: “Jose. Teléfono 920 286 111. Encima escribe su nombre sin acento. Además de ladrón, analfabeto. 

¿En qué coño de sociedad vivimos, que regula cómo bebemos, fumamos, conducimos y follamos, pero donde cualquier sinvergüenza puede reírse en tu cara, robarte y estafarte con total impunidad?
Ahora sé por qué la web se llama Idealista. Porque encontrar una casa es un sueño. O, en mi caso, una pesadilla.

No pienso cortarme las piernas. Lo que voy a hacer es darles un repaso con la maquinilla.
Vuelvo a La Ponderosa.

la lié gorda

5Julio
Archivado en:

pearl-harbor-attack-1[1]

Mis partes han recuperado su color, pero sigo machacado. No me he movido en todo el fin de semana del sofá. Vamos, que si me echan dos paladas de tierra encima, ni pestañeo. El sábado por la mañana, mientras Juanca fue a la tienda, Bea me dijo que no había nada para comer y que fuese a hacer la compra. Le dije que yo también estaba jodido y que llamase a tele algo y que me dejase en paz.

La tía respondió que vale, pero que llamase yo. Le solté que no era su puto esclavo, y ahí se terminó de liar.  Aquello se convirtió en un concurso de gritos, ella desde el dormitorio y yo desde mi sofá.
¡Vago! ¡Negrera! ¡Paleto! ¡Pija! ¡Gorrón! ¡Falsa! ¡Inútil! ¡Gorda!

¡Zas! De lleno en la línea de flotación.

Enmudeció. Objetivo alcanzado: Neutralizar la flota enemiga por un largo período.

Saboreé mi victoria disfrutando de una tarde de paz frente a la tele, cambiando canales compulsivamente.

Pero no calculé las consecuencias de aquel ataque que se convirtió en mi Pearl Harbor personal. Había desatado la tercera guerra mundial. Juanca llegó y tomó partido por Bea.
Vino a mi sofá, me quitó el mando de la tele, y soltó sobre mí una bomba de plutonio:
“Tío, lo siento, pero tienes una semana para encontrar un piso.”

azul oscuro casi morado

2Julio

Papapitufo[1]

Tengo los huevos como papá pitufo: Arrugados y azules.
La espalda como una autopista de seis carriles, cada uno marcado a sangre. Se me ven las vértebras en cada arañazo.
Me he quedado medio calvo de los tirones que me han dado. Ahora entiendo por qué me tenía que depilar. Si no lo llego a hacer, estas lobas me arrancan hasta la raíz.
Me queda nata en las orejas y en la raja del culo.
Tengo el cuello que parece que me he metido en una bañera llena de sanguijuelas. Y las ingles rojas y en carne viva.
De hecho, escribo esto con una mano, mientras con la otra me enchufo un mini ventilador que he comprado en el chino de abajo.
Me he untado los genitales con Nivea y estoy pensando seriamente en ir a urgencias, o en meterme un Calippo en la entrepierna.

Pero estoy feliz. Feliz de que haya pasado todo.

Fueron las cinco horas más largas y espantosas de mi vida. Siempre fantasee con hacer una orgía (diez o quince mujeres para mí solo). Pues bien, ahora os lo digo: Donde esté una buena paja que se quite todo.  

Si no me llega a salvar el encargado me violan entre todas. Y aún así, siguieron gritando “¡Queremos un hijo tuyo!”
Joder, si llego a darles el gusto incremento el índice de natalidad, como cuando el apagón de Nueva York.

¡Ah, mi querida Nueva York, ahora sí que estás a tiro de piedra!

Cuando llegué a casa y me desvestí para meterme en la ducha, aún llevaba el tanga de cuero. Me fijé lo hinchado que tenía el paquete. Me puse en lo peor: De esta se me cae.

Pero no. Lo que cayó fueron billetes de 20 euros estrujados como pelotas. Uno, y otro, y otro más. Así hasta 600 euros.
Con el sudor me habían teñido la piel de tinta azul. Pero me daba igual.
Soy rico.

el postre

30Junio
Archivado en: ,

 

¿Paro? ¡Qué paro ni que niño muerto? ¡Aquí el que no trabaja es porque no quiere! Ayer por la mañana, a las once en punto, tenía una oferta para ser camarero. Normal. Había dejado los bares de Madrid como esas peceras de los concursos de la tele, llenas de miles de postales, donde el presentador se sumerge hasta la rodilla, agarra un mogollón y las lanza al aire para elegir la carta ganadora. Pues esa carta resultó ser la mía.

Por culpa de la huelga de metro tardé más de  dos horas en atravesar la ciudad a pie. Llegué sudado, deshidratado y con la suela de las chanclas fundidas. Pero ahí estaba mi mina de oro. Era un mesón de barrio llamado La Ponderosa, con sillas castellanas, máquina tragaperras y una alfombra de servilletas, serrín y cabezas de gamba. Estaba viejo y desconchado, como su dueño.

- ¿Tienes experiencia como camarero?
- Por supuesto –mentira, no tengo ni zorra, para variar-.

Me explicó que era un  trabajo para un solo día. Una cena privada para 20 comensales.
Le pregunté que cuanto pagaban, y me dijo 30 € más propinas. Acepté, no me quedaba otra.
Me dijo que tenía que traer mi propio uniforme. Acepté, no me quedaba otra (a ver de dónde coño sacaba yo uno).
Me dijo que tenía hora de entrada, pero no de salida. Acepté, cualquier cosa con tal de no estar en casa aguantando a Bea.
Me dijo que viniese afeitado. Le dije que por supuesto.

- Pero me refiero a piernas, pecho e ingles, chaval. 

Me quedé helado.

- Qué pasa, ¿no quieres el trabajo?
- Sí, pero ¿por qué me tengo que depilar para servir una cena?
- Hijo, porque tú eres el postre.

el último parque

28Junio
Archivado en: ,

jim[1]

El viernes fue un día siniestro. Después de peinar el Retiro y quedarme afónico llamando a voces a Rata (¿por qué las mujeres salían despavoridas a mi paso?), después de informar  a todo el barrio  de la desaparición del chihuahua, después de llamar a centros de acogida,  después de empapelar farolas, parabrisas y portales con una foto de un chucho que podría ser él, volví a casa a esperar resultados.

Nada. Pasaban las horas y allí no llamaba ni Dios. Empecé a ponerme nervioso y a darle a la bola. Veía a Rata desnucado en el fondo de un socavón, veía a Rata aplastado por el camión de la basura, veía a Rata en su pequeño ataúd camino de la sepultura y veía a Rata enterrado en un hermoso cementerio de mascotas. Hasta ahí, bien. Lo malo es que también veía al abogado apuntándome con una metralleta mientras yo suplicaba por mi vida. Y  eso ya no me gustaba nada. Decidí llamarle.

Pero primero me documenté para llorar como un verdadero actor de método. Agarré dos cebollas y las froté contra mis ojos hasta que se me llenaron de lágrimas y se me congestionó la nariz. Acto seguido, llamé  al abogado y le dije, con trémula y lastimera voz, que mi abuela no soportaba el fallecimiento de mi abuelo y se acababa de morir de pena. Que había salido pitando al pueblo y que me había llevado a Rata para que disfrutara del aire del campo. El abogado me ha dicho que era un gesto maravilloso que jamás olvidaría, pero que le habían traído a Rata hacía una hora.

 Colgó. Cinco minutos después llamó el argentino. Estaba despedido.

se busca perro

25Junio
Archivado en:

chihuahua_cabron

Fue visto y no visto. Ayer por la tarde, mientras paseaba a mis chuchos, me metí en un bar para dejarles mis datos, y cuando salí Rata no estaba.

No se había perdido el perro grande. Ni el mediano. No. Tuvo que ser la mierda de perro esa que no levanta ni medio palmo. El chihuahua color canela atacao de los nervios.

¿Por qué hacen los perros tan pequeños? ¿Quién fue la mente perversa que creó los chihuahuas? ¿Para qué sirve un perro que ni defiende, ni caza, ni hace compañía, ni ladra, ni pastorea ni busca droga? Porque un perro de estos se arrima a una bolsa con un gramo de coca y se le funde el cerebro. Tienes un yonki para toda la vida. Su organismo peta por ocho sitios. Un chihuahua no se puede abrazar ni achuchar porque lo partes en dos.  Es como si abrazas un colín de pan de esos que dan en los restaurantes italianos. Como tener un llavero por mascota. Sencillamente no funciona.

Pero claro, es un negocio.

Vestidos, jerseys, viseras, ropa de deporte, correas, casitas, bolsos, cuencos, muñecas hinchables para perros salidos, balancines, juguetes para morder, y disfraces tan horribles que si el perro pudiera hablar lo primero que diría es “hijoputa”…

Lo que me  va a decir a mí su dueño cuando se entere. Encima es un abogado. Me va a meter un puro que a mí si que me va a dar una crisis nerviosa como no aparezca.

Necesito que me ayudéis. No os pido que dejéis de ver el España- Chile sólo por echarme un cable. Pero por si lo veis, es más o menos como este de la foto, pero color canela. O sea, marrón.

Que es exactamente  lo que tengo yo encima.